Estimados amigos y amigas:
En nombre
de
nuestra
familia,
quisiéra
agradecer a todos los que nos han acompañado en
nuestro dolor.
A menudo, las circunstancias de un recogimiemiento
y retiro de la febril actividad laboral que nos devora, no
tienen las retribuciones que uno espera. Una vez
su luz pestañea con el tiempo, se instala el acoso del
olvido con su respuesta ciega y acerada, que cercan
a las personas en el más despiadado aislamiento.
Germán afrontó y resistió dignamente este retraimiento
inmerecido y junto a toda su familia, logró la notable
compensación que da el amor y la felicidad que recoge
con fruición un ejemplar padre de familia, un abuelo
tremendamente querido y un hombre de trato afable, de
auténtica sencillez y de una amenidad incomparable.
En parte, nos reconforta saber que Germán siempre estará presente en el sonido clásico de una flauta traversa, en la crónica
vigente de un Valparaíso nostálgico, en las tertulias tradicionales que él sabía traducir en agradable conversación y en culto relato.
Nada puede atenuar esta pérdida tan abrupta y atribulante, pero esa sombra implacable, que nos priva de nuestros seres queridos, que nos consume en la oscuridad del enigma, no puede abatir nuestra memoria e irradia a nuestras vidas ese consuelo que reclama el futuro.
La vida no es más que un accidente, un perfume escurridizo, un solo acto de magia, que nos regala un momento de dicha y a su vez nos priva de la compañía tan amada y tan querida como Germán Carmona.
Solo resta reiterar nuestros agradecimientos por acompañarlo en la paz de su descanso eterno.
Fernando Lorca Zapata.
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